La importancia, principios y definición del psicoanálisis
De acuerdo a la International Psychoanalytic Association, el psicoanálisis es una teoría de la mente y también una práctica terapéutica. Fue ideado por Sigmund Freud entre 1885 y 1939 y tiene cuatro ámbitos de aplicación: como teoría de cómo la mente funciona, como tratamiento para problemas psíquicos, como método de investigación y como una forma de ver fenómenos culturales y sociales como el arte, literatura, películas, representaciones, política y grupos.
El tratamiento psicoanalítico, señala el organismo, se indica para personas con problemas psíquicos que les impiden experimentar felicidad con sus parejas, familias y amigos, de la misma manera a aquellos que no pueden tener éxito y satisfacción en sus trabajos y tareas normales de la vida cotidiana. Según la teoría, el autoconocimiento que ganan los pacientes tras acudir a terapia es el arma que les permitirá combatir sus más profundos traumas.
Freud descubrió que el ser humano desde una perspectiva psíquica se compone de tres capas: el Yo, el Ello y el Superyó. El Yo representa la consciencia, ese espacio de la mente que se encarga de manejar las represiones y de integrar los impulsos antes de que pasen a la acción. El Ello, por su parte, significa el inconsciente y todo aquello que la conciencia reprime, mientras que el Superyó es la guía de la conciencia, en donde se obtienen todas las prohibiciones a los que atenerse e ideales por los cuales luchar.

El psicoanálisis consiste en dejar al paciente decir todo lo que se le ocurra sin ningún tipo de objeción con el fin de que por medio de asociación libre se liberen todas aquellas represiones que tiene el individuo y que le causan malestar. De esta manera se pueden resolver los conflictos que tenga mediante la plática con el especialista. El analista, a través de una técnica llamada atención flotante, procurará descubrir todo lo que el paciente sin quererlo oculta y comprenderlo a través de asociaciones propias.
De este modo, el objetivo es que el paciente tenga insights sobre su propia forma de pensar. El paciente al finalizar su proceso terapéutico debe ser capaz de tolerar la falta y la incertidumbre, de hacerse cargo de su propio deseo, de amar y trabajar, de saber hacer con el síntoma, de tener una nueva relación con el pasado y de tener autonomía frente al analista.